

- Te romperé la mandíbula si vuelves a besarla - prometió con voz suave, aterciopelada y muy seria Edward.
- ¿Y qué pasa si es ella quien quiere besarme? - inquirió Jacob arrastrando las palabras con deje arrogante.
- ¡Já! - bufé.
- En tal caso, si es eso lo que quiere, no objetaré nada- Edward se encogió de hombros, imperturbable-. Quizá convendría que esperaras a que ello lo dijera en vez de confiar en tu interpretación del lenguaje corporal, pero... tú mismo, es tu cara.
- Bueno, ¿y porqué no te encargas de su mano en vez de estar hurgando en mi cabeza? -espetó Jacob con irritación.
- Una cosa más -dijo Edward, hablando despacio-. Yo también voy a luchar por ella. Deberías saberlo. No doy nada por sentado y pelearé con doble intensidad que tú.
- Bien- gruñó-, no es bueno batir a alguen que se tumba a la bartola.
- Ella es mía - afirmó Edward en voz baja, repentinamente sombría, no tan contenida como antes-, y no dije que fuera a jugar limpio.
- Yo tampoco.
- Mucha suerte.
- Sí, tal vez gane el mejor hombre.
- Eso suena bien, cachorrito.
Dios dios dios, sos PERFECTO y me quedo corta. Como te amo Robert Pattinson y Edward Cullen.
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